EL ABORTO EN MÉXICO:GRAVE PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA POR LA DOBLE MORAL Y LOS COSTOS POLÍTICOS DE SUS GOBERNANTES

Cuando realmente importe buscar respuestas sobre el suicidio, sobre la violencia intrafamiliar, sobre los feminicidios, sobre el abuso sexual a menores, la pederastia, la pornografía infantil y muchas otras manifestaciones, no dejen de buscar en la culminación de embarazos que nunca fueron planeados y muchos menos deseados”.

Socorro Chablé González nos habla de este tema con base en una profunda investigación y en sus propios conocimientos por los años como    activista   en  Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Humanos Laborales (Ceprodehl) en el estado de Yucatán, México. Algunas de sus fuentes fueron y con las cuales, estimados lectores, pueden ustedes ampliar la información sobre el tema: Información proporcionada por GIRE; los resultados de la investigación  publicados en Valle Gay, Armando, “Legalizar el aborto, urgente acción humanitaria”, en Doble Jornada, México, 2 de julio de 1990, pp. 4-5; Acosta, Marie Claire, et al., El aborto en México, México, FCE, 1976. p. 75; y Elú, María del Carmen, “El aborto visto por el personal de salud” en De carne y hueso. Estudios sociales sobre género y reproducción, México, IMES, 1994, p. 168.

Ojalá ni una mujer tuviera la necesidad de abortar nunca, dice Socorro Chalé.  “Éste es el anhelo de las organizaciones que defendieron con ahínco no penalizar la interrupción legal del embarazo en las 12 primeras semanas de gestación. Sin embargo, el desinterés por tener acceso a información seria es uno de los factores que influyen para que una sociedad sea fácilmente manipulada, ya sea por grupos religiosos facciosos y radicales o por pseudo legisladores y consejeros jurídicos que no tienen la menor preparación sobre el tema.
El aborto es un grave problema de salud pública que los gobiernos temen abordar por aquello de los costos políticos, aunque en la realidad no abordarlo se traduzca en las muertes de mujeres que son lanzadas a la clandestinidad.
Los prejuicios siempre se alimentan de la ignorancia, es por ello que si realmente nos interesa defender la vida, hay que hacerlo de manera informada, responsable y con un gran sentido social, no con fanatismos.
Solemos escuchar opiniones y juicios sobre el aborto, generalmente superficiales, pero pocas veces se escuchan opiniones informadas sobre las múltiples causas de los embarazos no deseados y, aun menos, de sus consecuencias, tal vez porque si buscamos, encontraremos.
¿Qué?
El profundo miedo de una mujer que después de fajarse para ocultar su embarazo, prefiere abandonar a su hijo recién nacido en cualquier lugar de la calle, antes que enfrentar la condena de unos padres represores por resultar embarazada antes del matrimonio.
El suicidio de una joven, por haber sido insultada y rechazada por su novio cuando se enteró de que la habían embarazado.
El odio de una joven de 14 años hacia su madre, por haberla obligado a tener al hijo producto de una violación.
O la impotencia y desamparo de una mujer de 19 años, que durante los tres años de matrimonio ha sufrido violencia extrema de su esposo porque fueron obligados a casarse cuando ella quedó embarazada a los 16.

A las mujeres que enfrentan la difícil decisión de interrumpir su embarazo lo que menos les sirve es ser señaladas como criminales o locas; pero una vez más, todo el peso de las responsabilidades se les deja a ellas mientras los demás se deslindan. En el castigo y la penalización de la interrupción de un embarazo los hombres no aparecen por ningún lado, como si las mujeres se hubieran embarazado por sí solas.
Y qué decir de las instituciones de salud, que de haber hecho lo que están obligadas, como brindar información objetiva, adecuada y precisa, así como proveer de los métodos de anticoncepción a sus usuarias, hubieran evitado que cientos de mujeres se enfrenten a lo que ellos mismos condenan: la interrupción del embarazo.
Con qué calidad ética y moral se les culpa y condena por llegar a medidas extremas, si los verdaderos culpables olvidaron que tenían una responsabilidad que no cumplieron.
La educación sexual en las escuelas sigue siendo una materia pendiente que impide la preparación de jóvenes informados y, por ende, más responsables. En las universidades tampoco se está contribuyendo lo suficiente para que los futuros profesionales tengan una formación integral y libre de prejuicios. De ser así, otro sería el caso en el reconocimiento de los derechos de las mujeres en Yucatán.
Las instituciones responsables de la impartición de justicia no se quedan atrás; las mujeres se enfrentan a los prejuicios machistas, ya sea del personal de los ministerios públicos o incluso de algunos jueces, cuando acuden a hacer denuncias sobre violencia intrafamiliar (que, dicho sea de paso, según nuestras leyes debe ser reiterada para catalogarla como tal) o cuando denuncian una violación. De estos hechos las mujeres enfrentan con frecuencia embarazos no deseados, pero lejos de criminalizar y castigar a sus agresores, se les criminaliza a ellas en caso de interrumpir el embarazo.
De acuerdo con cifras no oficiales, señala Myriam Vidriales desde el Estado de Jalisco, en nuestro país violan a una niña o a una mujer cada cuatro minutos. Son 15 por hora. 360 al día. 2,880 a la semana. 130 mil al año. En ocho de cada diez casos los violadores son el papá, el hermano, el tío, el vecino, alguien de la colonia, es decir, alguien a quien la víctima conoce. La mayor parte de las mujeres sufren la agresión en su casa, colonia o lugar de trabajo. De las 360 mujeres violadas todos los días en nuestro país, sólo 30 presentan denuncia ante la justicia.
Sin embargo, estas escandalosas cifras parecen no existir para las y los legisladores que modificaron la Constitución de Yucatán para penalizar la interrupción del embarazo. Mucho menos les importa que el aborto en condiciones clandestinas haya sido la quinta causa de muerte en nuestro país, en un estudio realizado en el 2005.
Es lamentable que con el falso argumento de “defender la vida” el Congreso local modifique la Constitución para ocasionar más muertes de mujeres que podrían haber sido prevenibles; eso es lo que conseguirán arrojándolas a la clandestinidad. No es con la amenaza de cárcel o tratamiento psiquiátrico que las mujeres dejarán de interrumpir los embarazos no deseados, es con políticas públicas responsables, con información ética y servicios profesionales, pero qué van a entender las y los legisladores de ética y profesionalismo.
Mientras tanto, las mujeres no podemos cruzarnos de brazos esperando que el cambio a nuestro favor venga de las mentes misóginas de las y los legisladores, estará en nosotras empujarlo como se ha hecho por décadas, de ahí que, entre otras acciones de la sociedad civil organizada, sea una prioridad difundir información que sea útil a la sociedad, pero en particular a las mujeres. Las y los legisladores piensan que el castigo es la solución, nosotras pensamos que la responsabilidad se adquiere con la información.

¿Qué es la salud reproductiva?
La salud reproductiva es un concepto relativamente nuevo, adoptado internacionalmente a raíz de las conferencias mundiales que tuvieron lugar en la década de los noventa, principalmente en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (Cairo, 1994) y en la IV Conferencia Internacional sobre la Mujer (Beijing, 1995).
A partir de Cairo, la salud reproductiva quedó definida como un estado general de bienestar físico, mental y social, y no de mera ausencia de enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo y sus funciones y procesos. En consecuencia, la salud reproductiva entraña la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos de procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no hacerlo, cuándo y con qué frecuencia.
Esta última condición lleva implícito el derecho del hombre y la mujer a obtener información y de planificar de acuerdo a su elección, así como el acceso a métodos para la regulación de la fecundidad que no estén legalmente prohibidos, y acceso a métodos seguros, eficaces, asequibles y aceptables, el derecho a recibir servicios adecuados de atención de la salud que permitan los embarazos y los partos sin riesgos y den a las parejas las máximas posibilidades de tener hijos sanos.” (Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, Párrafo No. 7.2).
La salud reproductiva está estrechamente vinculada con los derechos reproductivos y su importancia como concepto integral radica en que no solamente incorpora la planificación familiar, sino también todos los otros aspectos vinculados con la sexualidad y la reproducción.
En México, la salud reproductiva fue adoptada como prioridad en la atención de la salud desde 1995, con la creación del Programa Nacional de Planificación Familiar y Salud Reproductiva 1995-2000. Las siguientes administraciones dejaron de asumirlo como una prioridad.

¿Qué son los derechos reproductivos?
Los derechos reproductivos se desprenden de los derechos humanos más básicos y abarcan principalmente el derecho a la autodeterminación reproductiva y el derecho a la atención de la salud reproductiva.
“Los derechos reproductivos abarcan ciertos derechos humanos que ya están reconocidos en las leyes nacionales, en los documentos internacionales sobre derechos humanos y en otros documentos pertinentes de las Naciones Unidas aprobados por consenso.
Esos derechos se basan en el reconocimiento del derecho básico de todas las parejas e individuos a decidir libre y responsablemente el número de hijos, el espaciamiento de los nacimientos y el intervalo entre éstos y a disponer de la información y de los medios para ello y el derecho a alcanzar el nivel más elevado de salud sexual y reproductiva. También incluye su derecho a adoptar decisiones relativas a la reproducción sin sufrir discriminación, coacciones ni violencia…” (Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, Párrafo No. 7.3)
En México, los derechos reproductivos están consagrados en el Artículo 4º de la Constitución Mexicana: “Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos”.
Es una garantía individual que mujeres y hombres decidan cuántos hijos e hijas tener y cuándo tenerlos, y que, sea cual fuere su decisión, el Estado proteja su salud y bienestar en todos los aspectos ligados a la procreación. Sin embargo, las leyes vigentes aún no admiten una gama amplia de posibilidades de control de la fecundidad ni reconocen explícitamente el derecho de la mujer a decidir sobre los asuntos que afectan su sexualidad y reproducción, derecho que incluye la posibilidad de decidir un aborto.
Los derechos reproductivos comprenden, entre otros aspectos, la posibilidad de que las mujeres elijan, según su conciencia, si han de interrumpir o no un embarazo. Los códigos penales de los estados no admiten totalmente esta posibilidad, y las salvedades que consienten (el aborto por violación, por ejemplo) son, en la mayoría de los casos, impracticables.
En el Distrito Federal se han dado cambios legislativos importantes que han abierto la posibilidad de que, en el caso de violación, la interrupción del embarazo sea una opción real para las mujeres.

El aborto es el último recurso
El aborto no es un capricho ni es un método de planificación familiar o de control demográfico: es un recurso extremo. Nadie busca deliberadamente embarazarse para abortar. Las mujeres recurren al aborto cuando no encuentran otra solución al embarazo no deseado, pero el consenso es que las mujeres no se vean obligadas a abortar y de que en el futuro nunca más una mujer tenga la necesidad de hacerlo. Los embarazos no deseados obedecen tanto a conductas humanas como a errores técnicos, desde los olvidos hasta las violaciones, y desde la ignorancia hasta el uso inadecuado de anticonceptivos. Mientras perduren estas circunstancias, seguirán produciéndose embarazos no deseados y el aborto seguirá siendo una solución para miles de mujeres.
La prevención de los abortos debería ser una prioridad en las políticas públicas y esto puede lograrse con educación sexual, información y suministro oportuno de métodos anticonceptivos seguros, eficaces y adecuados a cada persona. Es más fácil prevenir que remediar.

¿Qué es el aborto?
Existen distintos tipos de aborto. La Organización Mundial de la Salud los define de la siguiente manera:
Aborto espontáneo: es la pérdida del embarazo antes de que el feto sea viable. Es decir, antes de que el feto pueda sobrevivir fuera del útero materno. La OMS considera que el feto es viable a las 22 semanas de gestación.
Aborto inducido: es el proceso mediante el cual se interrumpe el embarazo antes de la viabilidad fetal. Esto es, cuando hay intervención humana con el fin de interrumpir la gestación.
Aborto inseguro: se define como el procedimiento llevado a cabo ya sea por personas que carecen de la capacidad requerida, en un ambiente carente de estándares médicos mínimos, o en ambos casos.
Estas tres definiciones son fundamentales para ubicar al aborto no sólo como un tema médico -como es común que suceda en los manuales y en la formación profesional del personal médico-, sino también como un tema social.
En México, (como) la mayor parte de los abortos practicados son inseguros, ponen en riesgo la vida y la salud de las mujeres. Esto se debe a las condiciones de clandestinidad en que tienen lugar, como consecuencia de las leyes restrictivas que existen actualmente.
Por otra parte, existe un gran desconocimiento entre la población y las instituciones médicas acerca de los casos en los que el aborto está permitido.
Esto también ocasiona que muchas mujeres que por ley tienen derecho a los servicios de aborto no reciban atención en las instituciones de salud y recurran a prácticas riesgosas de aborto clandestino. Situaciones como ésta suceden sobre todo entre las mujeres que no tienen posibilidad de pagar el alto costo que tiene este procedimiento entre los proveedores que ofrecen servicios seguros. En nuestro país dicho sector es mayoritario. Por ello el aborto constituye un problema complejo de salud pública y justicia social.

Mitos y realidades: las mujeres que abortan
En México no hay estudios exhaustivos sobre las características de las mujeres que abortan, pero los datos con que contamos muestran que estas mujeres pertenecen a todo el espectro social: las hay rurales y pobres, urbanas y de buenos ingresos, profesionistas y analfabetas, amas de casa y jóvenes estudiantes. Lo que tienen en común es que han decidido poner fin a un embarazo.
Esta diversidad se explica por el hecho de que ninguna mujer en edad reproductiva está libre del riesgo de un embarazo no deseado. Aun usando anticonceptivos modernos y seguros, el riesgo de embarazarse persiste hasta que las mujeres dejan de ser fértiles.
En 1990, el Doctor Armando Valle Gay, entonces jefe de la Unidad de Ginecobstetricia del Hospital General de México, hizo una encuesta a 100 mujeres que habían llegado a ese hospital por complicaciones de aborto inducido. Aunque los datos que obtuvo no son representativos de todas las mujeres que abortan, sí proporcionan indicios muy interesantes. Aquí algunos de los resultados:
Religión Católica 88%
Otra 12%
No deja de sorprender que la mayoría de las encuestadas sea católica, ya que ésta es la religión más intolerante respecto a la práctica del aborto. Esto indica que muchas mujeres católicas deciden voluntariamente interrumpir un embarazo a pesar de ir en contra de lo que ordena la jerarquía de su Iglesia.
Por otra parte, un porcentaje de estas mujeres tiene ya una criatura o más, lo que contradice la idea de que sólo abortan las mujeres jóvenes.
Sin hijos 26%
De 1 a 4 hijos 50%
5 hijos o más 19%
Este dato no es nuevo. Distintas evidencias indican que el aborto en México es más frecuente entre mujeres casadas y con hijos. En 1976, un colectivo de investigadoras mexicanas aseguraba que “por lo general la mujer que aborta […] no es ni la joven soltera ni la equivocadamente señalada como ‘mujer de mala fama’, sino la casada, madre de varios hijos, cuya situación económica o familiar no le permite asumir mayores responsabilidades”.
Recientemente, varios prestadores y prestadoras de servicios de salud confirmaron lo mismo al decir que la mayoría de las que buscan un aborto son mujeres que viven permanentemente con un hombre, casadas o no, y que no cuentan con medios económicos ya sea porque el marido gana poco, porque está desocupado o no quiere asumir la responsabilidad. Las mujeres en esta situación son las más decididas a abortar.
Otros datos que desmienten la idea de que sólo las mujeres jóvenes e irresponsables acuden al aborto son las edades de quienes deciden interrumpir un embarazo. En la encuesta de Valle Gay se observa que la mayoría de las mujeres no eran adolescentes al momento de interrumpir su embarazo.
Por otro lado, el nivel de instrucción de las mujeres de esta muestra resultó ser variado, aunque por el tipo de lugar en el que se las entrevistó —un hospital público que atiende a “población abierta”, es decir, que no requiere ser derechohabiente— hay más mujeres con escasa escolaridad.
Analfabetas 16%
No terminaron la primaria 44%
Primaria completa 28%
Profes
Los datos más sorprendentes de esta encuesta son los motivos que llevaron a las mujeres a abortar. La mayoría de ellas dijo que tenía problemas económicos o que deseaba una mejor educación y futuro para sus hijos, como se muestra a continuación.
Además de las diferencias de edad, religión, escolaridad y razones para abortar, lo que distingue a las mujeres que deciden interrumpir un embarazo son las opciones que tienen para hacerlo. En este sentido, las diferencias socioeconómicas cobran mucha importancia, debido a que las mujeres con mayores ingresos pueden obtener abortos seguros y las pobres acuden a personas no capacitadas o se lo inducen ellas mismas, poniendo en riesgo su salud y su vida”.

Después de de leer este planteamiento, y de posiblemente haberlo ampliado en otras fuentes fidedignas, podemos leer lo que está pasando en el estado de Guanajuato, México  en donde la realidad supera cualquier fantasía. A  continuación transcribo lo publicado,  acerca del tema en cuestión,  en la prensa nacional:

Carlos García y Jaime Avilés

Corresponsal y enviado

Periódico La Jornada

Jueves 5 de agosto de 2010, p. 2 San Miguel de Allende, Gto. 4 de agosto. “En el Cereso sí hay represión y mucha. Cuando va Derechos Humanos a visitarnos las custodias no se nos despegan. Te escuchan en todo momento y te sientes presionada; y si dices por qué estás ahí te ponen pies y manos donde no van [tergiversan todo] y aunque no te amenazan directamente, sí te advierten: oye, si sigues con las entrevistas te puede afectar en tu caso…”

Habla Alma Yareli Salazar Saldaña, trabajadora doméstica de 26 años de edad, recién liberada del Centro de Rehabilitación Social (Cereso) de Guanajuato, donde purgó tres años de una sentencia de 27, a la que fue condenada como responsable de homicidio en razón de parentesco por haber sufrido un aborto espontáneo en octubre de 2007 en esta ciudad”.

Caricatura: Fisgón.

“Presa en Guanajuato, lleva nueve de 26 años de sentencia acusada de infanticidio

Jaime Avilés y Carlos García

Enviado y corresponsal

Periódico La Jornada
Martes 10 de agosto de 2010, p. 37

Tras el aborto, el primero que le dio la espalda a Araceli Camargo fue su hermano

Ya no vamos a verla casi nunca; pues cómo, si no tenemos con qué, lamenta su madre. La Grulla, Dolores Hidalgo, Gto. 9 de agosto. En esta ranchería de cien treinta jefes de familia, cada una formada por ocho hijos en promedio, que parece sin embargo un pueblo fantasma porque la mayoría de los hombres se fue a Estados Unidos, el 23 de agosto de 2002 María Araceli Camargo Juárez abortó de manera espontánea en la letrina del patio de su casa, y desde entonces está presa.

El juez penal Juan Carlos Llamas Morales la sentenció a 26 años de cárcel, de los que, a punto de cumplir 27 de edad, lleva casi nueve tras las rejas, la tercera parte de su vida, condenada injustamente por infanticidio, acusación que para su mayor desamparo ratificó el Tribunal Superior de Guanajuato.

Rodeada por verdes llanuras que sostienen las altas cañas de las milpas aún cuajadas de elotes y los duros troncos de las arboledas de mezquites, que en esta época no dan vainas para comer, La Grulla es un pueblo silencioso, de calles vacías y puertas y ventanas cerradas.

Tiene, sin embargo, una escuela primaria y una secundaria, y al parecer muchos niños, que juegan en los patios por donde vamos en un taxi dando tumbos. Más allá de la cancha de futbol despunta la cúpula de una iglesia, pero carece de una clínica para brindar a las mujeres atención y orientación en temas de salud reproductiva.

Unida por una brecha de 20 kilómetros a la carretera que conduce a Dolores Hidalgo –el curato donde en 1810 estalló la guerra de Independencia y al que el 16 de septiembre, en teoría, llegarán jefes de Estado y de gobierno de todo el mundo–, La Grulla queda bastante más cerca de la estación Josefa, como le dice desde siempre la gente de estas soledades.

Durante muchos años y hasta que el gobierno de Ernesto Zedillo acabó con el transporte de pasajeros por ferrocarril, la estación Josefa Ortiz de Domínguez era parada obligatoria del tren que iba a Nuevo Laredo. A bordo de sus vagones de tercera clase, generaciones enteras de campesinos emigraron a Estados Unidos para vivir mejor, o al menos intentarlo. Hoy, lo que pasa ante los andenes en ruinas de la Josefa, es el llamado Tren de la Muerte, con sus interminables carros de carga, repletos de braceros centroamericanos y matones de la Mara Salvatrucha.

–A cada rato vienen los hondureños a pedir agua y comida –afirma el hombre que estima en cien treinta el número de familias locales, mientras suelta las riendas del par de mulas que lo ayudan a abrir la tierra para explicarnos cómo se llega a donde vive la mamá de Araceli–. Es una casita de adobe, la última del pueblo…

De muros gruesos, pintados de cal, a punto de venirse abajo por el deterioro, no aloja a nadie en su interior cuando llegamos. La puerta que da a la calle está cerrada con candado, por fuera. No obstante, es fácil advertir su pobreza tras la alambrada que resguarda los límites de un patio de tierra seca. A la izquierda, desde nuestra perspectiva, está el dormitorio-cocina, con sus cortinas corridas tras las ventanas. A la derecha, la nopalera y, detrás de ésta, la fosa séptica: un cascarón de palos en forma de dado y techado con retazos de lámina, donde comenzó el segundo acto de esta tragedia.

“Yo la vi en pans

¿Cuándo empezó el primero? Preguntando de nuevo al hombre de la milpa, y bajo las instrucciones de su hijo, un niño muy serio que acepta subir al taxi para guiarnos hasta otra casa de muros rústicos, aunque más reciente, golpeamos una puerta metálica pintada de negro. Sale a abrirnos una niña. Muy bonita. Detrás de ella se extiende un pradito sobre el que retozan dos niños más. Y sentada sobre una silla, los vigila una mujer delgada, hermosa, de pelo blanco y de cara redonda como la de Araceli, con la frente y los pómulos garabateados de arrugas. Es doña María Remedios Juárez, su madre. Sí, por qué no, está de acuerdo en hablar con nosotros, luego de saber que venimos de Puentecillas, la cárcel de la capital de Guanajuato, donde tienen presa a su hija.

Como la mayoría de los hombres de La Grulla, su marido también se fue a trabajar a Estados Unidos, pero un día dejó de mandar dinero y desapareció. ¿Cuándo? Ya doña Remedios no lo recuerda. Si aún vive o murió, ella no lo sabe. En cambio, con toda precisión dice que hace 13 años también emigró su único hijo varón. Luego se fue su primera hija, desconoce a dónde, pues ya tampoco le escribe ni la visita. Y con el tiempo su tercera hija se casó y se mudó a Celaya, en el corredor industrial de Guanajuato, de donde una o dos veces al año regresa a saludarla. En pocas palabras, se quedó sola con Araceli, la más chica, y con Lidia, la hija de enmedio, la que actualmente la acompaña y la sostiene.

Entonces, quizá, el primer acto de esta tragedia empezó en 1998, cuando Araceli, a los 15 años de edad, se embarazó mientras estudiaba la secundaria. A los 16 parió una niña y se hizo cargo de ella, pero el nacimiento de la criatura, asegura Lidia, molestó mucho a nuestro hermano mayor, que era para nosotras como un papá sustituto. Y desde Estados Unidos nos advirtió que si Araceli no volvía a llevar una vida decente la teníamos que correr de la casa.

Ante tal amenaza, coinciden doña Remedios y Lidia, Araceli se asustó. Y cuando a principios de 2002 quedó preñada por segunda vez, ahora de un novio que era de los ricos del pueblo, no se lo dijo a nadie. Casi no comía para que no se le notara la panza. En el expediente de su caso, un testigo declara que un día antes del aborto “la vi en pans (sic) y no me pasó por la cabeza que estuviera embarazada”. Sin embargo, cuando sobrevino el aborto y la encarcelaron, relata Lidia, mi hermano se enojó tanto que dejó de mandarnos dinero y ya nunca se volvió a comunicar con nosotras. En otras palabras, el primero que se puso en su contra fue el único hombre de la familia, que tenía la obligación irrenunciable de protegerla.

Mientras Araceli estuvo recluida en el Centro de Readaptación Social (Cereso) de San Miguel de Allende, su madre y su hermana la visitaban cada ocho días. Pero, dice doña Remedios, cuando la pasaron a la cárcel de Guanajuato ya nos quedó muy lejos: nomás el transporte nos cuesta 400 pesos a cada una, y eso sin contar la comida para nosotras ni las cositas que le querramos llevar. De hecho, asegura, ya no vamos a verla casi nunca; pues cómo, si no tenemos con qué”.

Ahí les dejo estos textos, estimados lectores, para que saquen sus propias conclusiones. Lo que sí no se puede negar, porque son muchas e irrefutables las  evidencias, es que en este México de mis amores la Ley es un texto acomodaticio según los intereses, las creencias religiosas, el fanatismo,  los compromisos políticos,  y la caprichosa voluntad de los gobernantes.

Margot Carrasquilla Múnera

10/08/2010


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4 comentarios

  1. Yo nací y viví en Mérida 23 años, pero vine a vivir al DF porque no estoy de acuerdo con muchas leyes absurdas que ahí se tienen que respetar, la sociedad es muy cerrada y prejuiciosa, casi todos tienen esa doble moral, ahí el aborto está penado, pero a las niñas ricas las mandan a Miami a abortar y todos calladitos. Si bien esta ciudad no ofrece todas las comodidades que tenía en mi anterior lugar de residencia, al menos hay más respeto y puedo tener más libertad, la sociedad es más abierta y podemos tener equidad de género en mayor medida.

    Felicidades por tu artículo, es muy interesante.

  2. Hola ¡
    Permíteme presentarme soy Cleofé, administradora de una red de blogs, visité tu blog y está interesante, Me encantaría poner un link de tu blog en mi sitio web y así mis visitas puedan visitarlo también. Si estás de acuerdo no dudes en escribirme
    cleofegarcia@hotmail.es
    Éxitos con tu blog.
    Un beso
    Cleofé

  3. tambien piensen en el bebe que viene al mundo a vivir y que el tampoco tiene la culpa de que su madre aya sido violada.
    si no lo quieren busquen otro camino siempre hay opciones pero denle la oportunidad de nacer.

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