NO ENTIENDO NADA DE LO QUE ESTÁ PASANDO, O ES QUE ¿YA PASÓ LO QUE ESTABA ENTENDIENDO..?

Fotos y cartónes: Periódico La Jornada 21/06/2010

Carlos Monsiváis, otra conciencia perdida.

Así es. Echo mano, en el título de este artículo, de una de las frases del mago del idioma Español, Carlos Monsiváis, para expresar mi consternación. Debo confesar que los últimos acontecimientos en el mundo de la cultura me han sumido en un profundo bache emocional, y hasta ahora pude aplicar el lápiz. Creo que mi aflicción no es tanto porque quienes nos han dejado no vuelvan a escribir, aunque nos harán mucha falta sus letras. La aflicción se debe  más a que estos seres irrepetibles e insustituibles como  Carlos  Monsiváis, Carlos Montemayor y José Zaramago, eran seres empapados de conciencia social que sabían en dónde le dolía  al pueblo, en donde estaban las injusticias y cuáles los remedios. Tuvieron el valor, la coherencia y la sabiduría para denunciar y reclamar, pero  a la vez nos daban planteamientos para solucionar.

Como a estas alturas ya se ha dicho casi todo acerca de Carlos Monsiváis, prefiero, mis estimados lectores, daros a conocer su obra literaria y hablaros un poco de su última publicación: Apocalipstick.

Transcribo su última columna publicada en un periódico de la capital mexicana:

Carlos Monsiváis
La sabiduría del autoengaño
28 de marzo de 2010

Nada más lógico y, a su modo, más aleccionador, que la estrategia de persuasiones de los más calificados y autocalificados funcionarios del gobierno federal. Si hemos de traducir este sistema, describámoslo así y dejémoslo así: “A la sociedad o al pueblo ya no se le convence, ha perdido el don divino de la credulidad, y, o no están informados de nada, o se nutren de internet, radio, incluso noticieros de televisión, celulares, o twitters. Y los que no, ni se enteran ni les importa, y con dificultad saben el nombre de alguno de nosotros, lo que llamamos aquí analfabetismo onomástico. Entonces, ¿a quién persuadir?, pues a los más enterados, a los más competentes, a los que rigen los destinos de la nación, nos referimos naturalmente a nosotros mismos. De esta manera nuestra estrategia mediática y nuestras redes sociales se dirigen a ese objetivo maravilloso: convencernos a nosotros mismos. Si logramos eso, lo demás ya no importa. Hablamos para oírnos y, sin broma alguna, la técnica es de una gran profundidad: el que persuade a las élites, persuade a lo más elevado del país. Por eso al autoengaño, como le dicen los resentidos, es la manera más solidaria y eficaz de ir avanzando en el gobierno”.

Desde fuera, el asunto se podría ver distinto: un laberinto de afirmaciones que indignan de forma sistemática pero efímera, ya que las siguientes expresiones de los poderosos irritan aún más. Influido por esta táctica, me explico para entenderme. No ves que los altos funcionarios (la altura se mide por el salario real, las prestaciones, la importancia que se les concede y el número de fuerzas de seguridad que los acompañan) crean en lo que dicen. Esto sería abusar de su candor. Más bien, el procedimiento va así: el funcionario declara a sabiendas de que nadie le va a creer y en la ruta hacia la decepción con este pueblo ingrato, oye y lee sus propias palabras y queda encantado. ¿Por qué no se le habrían ocurrido a él primero? Luego, al ver las cuantiosamente reproducidas en los noticieros y en los periódicos se anima por completo. Vaya que tengo razón, me lo confirma ese alto funcionario que, por coincidencia, lleva mi nombre. A los críticos no los lee porque eso sería un desgaste visual innecesario.

* * *

No estoy ironizando ni haría falta tratándose de la cadena de acontecimientos interminables y veloces que, cuando no queda otra, nos usa de testigos. Cómo explicarse de otra manera que el secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont hable del fuego cruzado en el combate en el Tec de Monterrey y afirma como si a alguien le constara que los estudiantes asesinados habían estado del lado bueno y por ello los habían ultimado los sicarios. No le importa lo realmente ocurrido, el despojo de las identificaciones, el secuestro de los videotapes del Tecnológico, la granada que destrozó a uno de los jóvenes, la imposibilidad de que hubiesen sido los narcos. Todo eso pertenece al reino de lo inconvincente, y esto no lo dice en serio como funcionario del ramo, lo dice y muy en serio como primer oyente y lector de las palabras del secretario de Gobernación. Y luego va rectificando, no porque rechace lo sucedido, sino porque en el laboratorio del autoengaño, que es la primera función gubernamental, se inventó una sección llamada “Desmentidos por si acaso” y allí, en vez de las pruebas de balística que debieron ser lo primero, se acude ahora al cotejo de versiones, aunque la primera es la mejor y es la única. Si por casualidad resulta que los soldados asesinaron a los estudiantes, el secretario dirá: “Siempre dijimos que había culpables”.

* * *

Tómese el ejemplo del secretario de Economía Ernesto Cordero, podría decirse con amargura que es un accidente su profesión de economista, su verdadero oficio es el de ilusionista a la antigua, de esos de las ferias donde hacía su debut la inocencia infantil. Nada por aquí, nada por allá, no es una crisis lo que están ustedes viendo, señores, señoritas, jóvenes, personas adultas que me hacen favor de seguir mis movimientos y la conducción de la economía, fíjense bien, no le crean a sus sentidos, hijos del mal y la frustración, crean en lo que les digo, no vean lo que ganan, ni los índices del desempleo, ni la quiebra de pequeñas y medianas empresas, ni lo que dice el INEGI sobre febrero del 2010, el peor tiempo de la recesión, ni ninguna de esas vaciladas, no señores, señoritas y demás edades, júntense para no perderse mis palabras, aunque luego las repita igualitas, fíjense lo que les digo, no le den vueltas, la economía se ha recuperado casi todita, es un milagro de los que hacían antes para prestigiar la nueva religión, la economía levita, el gobierno multiplicó los caudales y los platos de lentejas, fíjense bien, ayer había una catástrofe, hoy el peso camina sobre las aguas.

* * *

El secretario del Trabajo Javier Lozano ofrece con alegría desdichadamente no contagiosa, su proyecto de reforma laboral: “No le den vueltas, sujetos a los que nunca llamaré amigos porque mi puesto no es una tienda de condescendencias. Lo que el gobierno les ofrece es respetar con puntualidad ciega la Constitución pero estableciendo leyes aparte para no tocarla y sí modernizarla. ¿Qué prefiere el desempleado: que no lo pongan a prueba un tiempo indeterminado para que si no funciona de acuerdo a los criterios de la empresa lo corran con el salario anterior al mínimo? ¿O tener que trabajar en las calles incorporado a la economía informal que es la que le da la oportunidad al gobierno para decir que ha creado tantos empleos que ahora se piensa en exhibir desempleados como especie en extinción? A ver, legisladores, sindicatos y frentes auténticos, no se opongan a las bondades de la explotación, opónganse a las iniquidades del comunismo subversivo. Con la reforma laboral que proponemos, y que es la justa porque es la que a nosotros nos convence, se acabarán muchos problemas, para empezar la existencia de problemas, ese invento de los desocupados. Por ejemplo, se acabarán los chistecitos sobre la huelga de Cananea que sólo rima con Jorge Larrea, ya los delincuentes que ocupan las instalaciones lo saben: o se salen de allí o se meten, y no por su propio pie a unos galerones donde no podrán escavar porque no se permiten las fugas. A los del SME que no se les vaya a ocurrir poner diablitos en sus casas porque una infracción del suministro eléctrico será condenada a 30 años sin luz, ya saben: “Si tú no eres represivo, lo que pasa es que a ti no te engañan con pancartas de protesta, tú lees lo que te traen tus asesores, lo estudias cinco minutos y lo firmas convencido de que has hecho lo justo porque de otra manera no serías tú”.

Gracias a la estrategia del autoengaño el gobierno duerme en paz y las instituciones ya no tienen por qué lavar ajeno.

Escritor

También  comparto con vosotros los títulos que publicó el escritor, y sus fechas de edición. Espero con ello despertar en mis lectores el deseo de leerlo y a la vez de entender a un luchador, como dijera su caricaturista preferido, El Fisgón: “Carlos Monsiváis era el santo patrono de las causas perdidas en el país de las causas perdidas”.

Los libros y obras de Carlos Monsiváis

Las alusiones perdidas

2007

Yo te bendigo, vida

2002

Aires de familia: Cultura y sociedad en América Latina

2000

Los rituales del caos

1995

Frida Kahlo: Una vida, una obra

1992

Escenas de pudor y liviandad

1988

Historias para temblar: 19 de septiembre de 1985

1988

Entrada libre, crónicas de la sociedad que se organiza

1987

La poesía mexicana III

1985

De qué se ríe el licenciado

1984

Nuevo catecismo para indios remisos

1982

La poesía mexicana II, 1914-1979

1979

Amor perdido

1976

Días de guardar

1971

Características de la cultura nacional

1969

Principios y potestades

1969

La poesía mexicana del siglo XX

1966.

Apocalipstick fue su última obra. Publicada a finales de marzo de este 2010, el libro guarda una deliciosa recopilación de las crónicas que Carlos Monsiváis levantó  acerca de la capital mexicana. Conocedor como ninguno de su ciudad, de su gente, y de sus contrastes y paradojas, el autor supo plasmar, con todo su sabor y con todo su detalle las luces y sombras del Distrito Federal. Quien quiera conocer de verdad la ciudad en donde vive, o la ciudad de la cual ha oído hablar, no debe dejar de leer este último y gran libro de Carlos Monsiváis.

Margot Carrasquilla Múnera

26/06/2010


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