BIENAVENTURADOS LOS POBRES PORQUE DE ELLOS SERÁ LA LUNA

En este mismo instante, en el que acabo de conocer el monto del Proyecto Multinacional  EEI,  avalado por 16 países, y ampliamente financiado por los Estados Unidos de Norteamérica (en el que se incluye el famoso Discovery con el que han hecho tanto ruido los medios de comunicación, en estos últimos días), y cuyo monto asciende a más de 100 mil millones de dólares,  no puedo evitar el recordar con horror, que   el número de desnutridos en el mundo alcanzará un récord histórico este año, pues ya son 1.020 millones las personas que pasan hambre a diario, según los últimos datos publicados  por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Y es entonces cuando, una vez más,  me ha invadido la impotencia, me ha invadido un inevitable rencor que me impulsa mentalmente a descargar  una ráfaga de muerte sobre los  Hombres que ostentan el Poder en el planeta Tierra,  y sobre el Poder mismo.Y es cuando  he supuesto  que,  en muchos lugares del mundo, incluyendo, sin duda,  nuestro México,  miles y miles de familias estarán, con las tripas pegadas al espinazo, mirando con ojos de desesperanza hacia la anhelada Luna, como buscando más allá de esta dimensión, en donde están condenados a la desgracia,  la razón de su existencia. Y me pregunto:  ¿Sospecharán estos seres, siquiera, al ver su pálida luz,  que los Hombres que ostentan el Poder en este planeta Tierra,  están invirtiendo, para apoderarse de  ella,  millones de millones de dólares,  mismos que bien podrían ser utilizados para crear fuentes de trabajo en las que, estos seres humanos hambrientos y menospreciados,  ganasen  el pan de cada día y adquiriesen lo indispensable para tener una vida digna?

A propósito del tema, recordé un elocuente  poema de Leonel Rugama (Estelí 1949 – Managua  1970), que transcribo a continuación, y de cuyo último verso tomé el título para este artículo:

LA TIERRA ES UN SATÉLITE DE LA LUNA

El Apolo 2 costó más que el Apolo 1

el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo 3 costó más que el Apolo 2

el Apolo 2 costó más que el Apolo 1

el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo 4 costó más que el Apolo 3

el Apolo 3 costó más que el Apolo 2

el Apolo 2 costó más que el Apolo 1

el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo costó un montón, pero no se sintió

porque los astronautas eran protestantes

y desde la luna leyeron la Biblia,

maravillando y alegrando a todos los cristianos

y a la venida el papa Paulo VI les dio la bendición.

El Apolo 9 costó más que todos juntos

junto con el Apolo 1 que costó bastante.

Los bisabuelos de la gente de Acahualinca tenían menos

hambre que los abuelos.

Los bisabuelos se murieron de hambre.

Los abuelos de la gente de Acahualinca tenían menos

hambre que los padres.

Los abuelos murieron de hambre.

Los padres de la gente de Acahualinca tenían menos

hambre que los hijos de la gente de allí.

Los padres se murieron de hambre.

La gente de Acahualinca tiene menos hambre que

los hijos de la gente de allí.

Los hijos de la gente de Acahualinca no nacen por

hambre,

y tienen hambre de nacer, para morirse de hambre.

Bienaventurados los pobres porque de ellos será la luna.

¡Ah!, pero no solamente vemos el absurdo en estos ruidosos programas “científico-tecnológicos”. Me bastó con mirar  las noticias de la noche del reciente 16 de septiembre. El  dinero que el Gobierno mexicano invirtió para darle circo al pueblo en la noche del famoso grito y en la mañana del ridículo desfile de la borregada  militar,  es muy probable que hubiese servido para reponer la red hidráulica y de drenaje del Valle de México, o por lo menos, para evitar que cientos de familias pobres queden, en la temporada de lluvias,  atrapadas en aguas negras, perdiendo todo lo adquirido durante su existencia, y perdiendo hasta la vida misma. Bueno, esto es solamente una de las miles necesidades apremiantes del pueblo mexicano. Sin embargo, para nuestros flamantes gobiernos es mucho más importante restregarle, a ese mismo pueblo, en las narices, quiénes son los que tienen el poder y con qué cuentan para aplastar,  no solamente la dignidad  de sus gobernados, sino también sus esperanzas.

Margot Carrasquilla Múnera

17/09/09

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